¿Estamos preparados para enfrentar una segunda cuarentena?

La ansiedad y la depresión –y su posible agravamiento– amenazan con extenderse entre la población si se produjera una nueva cuarentena generalizada.

La cuarentena ha hecho mella en la sociedad, obligada a poner en pausa durante un buen periodo de tiempo su actividad habitual. Sin embargo, ¿qué sucedería si volviéramos sobre nuestros pasos y encaremos este encierro preventivo de nuevo? Es la pregunta que muchos se plantean, dados los rebrotes que afectan a gran parte de España. “Uno de los efectos más importantes va a ser la aparición de depresiones asociadas a la situación social que va a generar el coronavirus. Durante la crisis de 2008, los intentos de suicidio se incrementaron, y es previsible que esto vuelva a suceder”, vaticina Grande.

Los síntomas de depresión y ansiedad fueron las manifestaciones más frecuentes durante el confinamiento, según la psiquiatra; representan la mayor amenaza ante un hipotético regreso a la misma situación. “Si ya llevamos así desde marzo, es posible que la resiliencia, la capacidad de aguante de las personas, flaquee y derive en una ansiedad más crónica y se convierta en los mencionados síntomas depresivos”.

El mayor riesgo lo correrán aquellas personas con antecedentes de trastornos mentales, así como quienes no tienen un buen apoyo socioeconómico, ya que sufren “la ansiedad de no poder llegar a final de mes, alimentar a tus hijos, etcétera”, apunta la secretaria de la SEP. Por su parte, el síndrome de estrés postraumático o de estrés agudo se produciría más en gente que haya vivido situaciones extremas. En este ámbito específico se encuentra el personal sanitario en los hospitales o familiares que no se pudieron despedir de personas ingresadas en el centro médico.

Con la lección aprendida, es importante poner atención sobre aquellas actividades que pueden resultar eficaces para evitar o paliar las consecuencias psicológicas, pero también hay que vigilar las conductas perniciosas sobre la salud mental. “Lo más importante es mantener actividades y aficiones que proporcionen una válvula de escape”, recuerda Grande. Estas resultan tan indispensables para poder soportar una situación de cuarentena como el contacto con familiares y personas cercanas.

Las renovadas armas del sistema sanitario

Para combatir los problemas de la salud mental, la apuesta decidida por la telepsiquiatría y el aumento de recursos humanos e infraestructura suponen los mayores desafíos. “Si esto no se da, difícilmente podemos ofrecer el apoyo necesario; lo proporcionaremos en las condiciones que tenemos, que no son las ideales”, avisa Iria Grande, secretaria de la Sociedad Española de Psiquiatría. De hecho, un segundo confinamiento haría aún más necesario focalizar esfuerzos en este sentido, pues la demanda previsiblemente se acrecentaría.

Aunque la consulta presencial supone un elemento vital e irremplazable, Grande reconoce los beneficios de una teleasistencia poco explorada hasta la pandemia. “También nos ha ido bien esta situación para optimizar recursos y realizar visitas que no podrían llevarse a cabo de otra manera”. Las consultas en formato de videoconferencia y llamada telefónica están llamadas a aumentar su relevancia.

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