El gran problema de los pesticidas

Miles de docentes en Argentina se organizan contra las explotaciones agrícolas que rocían sus campos con químicos demasiado cerca de las escuelas rurales. Denuncian que no se cumple la normativa.

Esta escuela rural, que también tiene primaria y secundaria, se encuentra en el Paraje Cañada de Arias, a unos 70 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires. Luna Díaz, mamá de Emilce, una alumna de cinco años, estaba en el acto junto a su hija. Al terminar la fiesta, que fue dentro de un salón, se fueron rápido a su casa para que los agroquímicos no las afectarán. Hoy, para Sosa es una preocupación dejar a su hija en la escuela y que fumiguen tan cerca.

“Yo vivo en la zona hace 24 años. Incluso fui a la misma escuela que mi hija y antes no se veía tanta agricultura alrededor. Muchas familias vendieron sus campos, dedicados a la ganadería y se fueron. Cada vez avanza más la siembra y hay menos gente”, comenta Luna.

Los docentes rurales buscan crear redes para que se tome conciencia de la problemática. Erica Angelice fue un ejemplo. En octubre de 2015, su escuela fue fumigada en horario escolar, incumpliendo las normas establecidas por la normativa vigente en la zona. El 9 de junio de 2019, murió de cáncer. En un chequeo al que se sometió Angelice en 2016, se corrobora que la maestra tenía una cantidad 14 veces superior a la que es considerada “normal” de glifosato en sangre. 

Alegre explica que la provincia de Buenos Aires tiene una legislación que indica que no se puede aplicar agroquímicos de forma aérea a menos de dos kilómetros de distancia de los centros urbanos. A su vez, los equipos de aplicación terrestre no pueden circular por centros poblados salvo en casos de extrema necesidad.

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